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Los cátaros y los orígenes de la Inquisición

Antes de la Inquisición, el derecho penal seguía el modelo acusatorio romano: el juez no podía actuar por iniciativa propia y necesitaba un denunciante que reuniera pruebas. Con la inquisitio, en cambio, la autoridad eclesiástica adquiría la facultad de iniciar procesos sin necesidad de denuncia.

La amenaza de la herejía cátara

La expansión de la herejía de los cátaros en el sur de Francia, norte de Italia y la Corona de Aragón fue decisiva para la creación de la Inquisición. Los cátaros, también llamados albigenses, defendían un dualismo radical: un mundo espiritual bueno frente a un mundo material malo, obra del demonio. Rechazaban los sacramentos, el matrimonio, la cruz y la encarnación de Cristo, predicando la pobreza, la abstinencia y un rito propio llamado consolación.

Primeras medidas contra los herejes

En el Concilio de Tours de 1163, Alejandro III ordenó que las autoridades persiguieran a los herejes sin esperar denuncias. Más tarde, Lucio III promulgó en 1184 el decreto Ad Abolendam, que institucionalizó la persecución e introdujo penas como el destierro, la confiscación de bienes y la hoguera. A ello se sumó la decretal Vergentis in senium (1199), que autorizó el uso de la tortura en los interrogatorios.

El Concilio de Tolosa de 1229 formalizó la Inquisitio hereticae pravitatis. Los obispos debían inspeccionar las parroquias y exigir a los fieles que denunciaran a los sospechosos. Los arrepentidos podían salvar la vida, pero eran obligados a portar signos de penitencia o sufrir cadena perpetua. Los obstinados eran condenados a la hoguera y los encubridores perdían sus propiedades.

De la cruzada a la institución

El papa Inocencio III intentó primero combatir la herejía mediante predicaciones, enviando a personajes como Santo Domingo de Guzmán. Sin embargo, los intentos fracasaron y en 1209 convocó una cruzada contra los cátaros. Miles de cruzados acudieron, recibiendo los mismos beneficios espirituales que quienes iban a Tierra Santa. Aunque la cruzada causó graves estragos en Occitania, no logró erradicar el catarismo.

Gregorio IX y la consolidación de la Inquisición

En 1231, Gregorio IX proclamó en la constitución Excommunicamus que la Iglesia tenía derecho exclusivo a juzgar a los herejes, confirmando penas como el suplicio del fuego. Ante la pasividad de muchos obispos, encomendó la Inquisición a la Orden de los Dominicos mediante la bula Ille humani generis. Estos frailes recibieron la misión de organizar tribunales en Toulouse y otras ciudades francesas.

Poco después, la institución se extendió por Francia, Flandes, Italia, el Sacro Imperio, Hungría, Bohemia, los países eslavos y escandinavos, Jerusalén y también a la Corona de Aragón y Navarra. En menos de un siglo, la Inquisición pasó de ser una respuesta contra los cátaros a convertirse en una organización estable con jurisdicción en toda la cristiandad latina.

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