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Fray Tomás de Torquemada: entre el rigor del Santo Oficio y la Leyenda Negra

En el verano de 1483, el prior del monasterio de Santa Cruz de Segovia, Fray Tomás de Torquemada, fue nombrado primer inquisidor general de la Corona de Castilla. Pocos meses después, el 17 de octubre de ese mismo año, extendió su jurisdicción a la Corona de Aragón, convirtiéndose en la máxima autoridad del Santo Oficio en los reinos de los Reyes Católicos.

Nacido en la villa palentina de Torquemada el 14 de octubre de 1420, ingresó en la orden de Santo Domingo y alcanzó el grado de Bachiller en Teología. Fue prior del monasterio de Santa Cruz de Segovia durante veintidós años y fundó en Ávila el monasterio de Santo Tomás, donde falleció el 16 de septiembre de 1498. Durante quince años desempeñó el cargo de inquisidor general, tiempo en el que configuró la organización de la Inquisición española.

Organizador del Santo Oficio

Torquemada no fue solo un inquisidor, sino el auténtico organizador del Santo Oficio. En 1484 redactó las célebres Instrucciones de Sevilla, inspiradas en textos como la Practica inquisitionis de Bernardo Gui y el Directorium Inquisitorum de Nicolás Aymerich. Para ello contó con la colaboración de juristas como Gutierres de Chaves y Tristán de Medina.

Durante su mandato promulgó diversas normas que marcaron la evolución del Santo Oficio:

  • 1484: Instrucciones de Sevilla.
  • 1485: normas complementarias de carácter económico.
  • 1488: Instrucciones de Valladolid, que pedían rapidez procesal para evitar perjuicios excesivos a los reos.
  • 1493: Instrucciones de Barcelona, especialmente dirigidas a Cataluña.
  • 1497: Instrucciones sobre la Suprema y sobre la actuación de los secretarios.
  • 1498: Instrucciones de Ávila.

Estas disposiciones buscaban homogeneizar los criterios y limitar los abusos, después de que los primeros inquisidores, fray Juan de San Martín y fray Miguel Morillo, hubieran sido acusados en Roma de actuar con excesiva dureza y fuera del derecho canónico.

Asimismo, bajo su dirección se creó el Consejo de la Suprema y General Inquisición, conocido como la Suprema, organismo encargado de coordinar los distintos tribunales y garantizar un criterio uniforme en todo el territorio. Con ello, Torquemada dio a la Inquisición una estructura centralizada y burocratizada que se mantendría durante siglos.

Entre la leyenda negra y la realidad histórica

Torquemada ha pasado a la historia como el inquisidor por antonomasia, símbolo del rigor y de la dureza del Santo Oficio. Buena parte de esta imagen negativa se debe a las obras de Juan Antonio Llorente, sacerdote afrancesado y crítico de la monarquía española, quien le atribuyó cifras escalofriantes: más de 10.000 ejecutados en la hoguera, 7.000 en efigie y más de 27.000 condenados a otras penas. Estos datos, repetidos durante siglos, han alimentado la Leyenda Negra contra España, aunque muchos historiadores actuales cuestionan su veracidad.

Otros autores extranjeros, como Charles Lea, también retrataron a Torquemada como un hombre inflexible y despiadado. Sin embargo, algunos estudios recientes destacan que su verdadero papel fue el de dar un marco legal al Santo Oficio, tratando de evitar arbitrariedades y de dotar a los procesos de una cierta regularidad.

Un legado controvertido

La figura de Torquemada sigue siendo objeto de debate. Para unos, encarna la intolerancia y el fanatismo de la época; para otros, representa a un organizador que dotó a la Inquisición de normas claras y de una administración sólida.

Más allá de la propaganda y la leyenda, lo cierto es que bajo su mandato la Inquisición se convirtió en una institución poderosa, centralizada y con procedimientos definidos.

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