Diego de Deza (1443-1523) nació en la ciudad de Toro, en la provincia de Zamora. Desde joven ingresó en la Orden de Predicadores (dominicos), donde destacó por su brillantez intelectual y su capacidad como predicador. Estudió en la Universidad de Salamanca, donde llegó a ser catedrático y formador de importantes teólogos de su tiempo. Su talento lo llevó pronto a los círculos de poder, convirtiéndose en confesor y consejero del rey Fernando el Católico.
Carrera eclesiástica
La carrera de Deza fue ascendente:
- Obispo de Zamora, Salamanca, Jaén y Palencia.
- Más tarde ocupó la sede arzobispal de Sevilla, uno de los arzobispados más poderosos de la Península.
Su prestigio como hombre de confianza de la monarquía le abrió el camino hacia uno de los cargos más influyentes de su tiempo: el de Inquisidor General de Castilla y Aragón.
Inquisidor General
En 1498, tras la muerte de Tomás de Torquemada, los Reyes Católicos lo designaron como Inquisidor General. Su misión era continuar la labor de organización y control del Santo Oficio, que todavía estaba en sus primeros años de funcionamiento.
Aunque menos implacable que Torquemada, Deza mantuvo la firmeza contra los conversos sospechosos de judaizar y reforzó la estructura centralizada de la Inquisición. Se le atribuye un mayor interés por el respeto a la legalidad procesal, aunque sus contemporáneos lo acusaron de severidad.
Protector de Cristóbal Colón
Un aspecto poco conocido de Diego de Deza es su papel como protector de Cristóbal Colón. Cuando el navegante buscaba apoyo para su proyecto de alcanzar las Indias por occidente, Deza intercedió en la corte y le prestó su respaldo. Gracias a este apoyo, Colón pudo mantener su proyecto vivo hasta obtener el decisivo patrocinio de los Reyes Católicos.
Últimos años y muerte
En 1507 fue sustituido por el cardenal Cisneros como Inquisidor General, aunque continuó ocupando altas dignidades eclesiásticas. Falleció en Sevilla en 1523, dejando tras de sí una huella ambivalente: por un lado, un hombre de fe y protector de proyectos trascendentales como el de Colón; por otro, un inquisidor que consolidó la maquinaria represiva de la institución más temida de la Monarquía Hispánica.
Legado histórico
Diego de Deza representa una figura de transición entre el rigor inicial de Torquemada y la posterior expansión de la Inquisición bajo Carlos V. Fue un teólogo influyente, un obispo poderoso y un político cercano a la monarquía.